Dostoievsky y la Araña
El crimen no fue tal y el castigo, impuesto por un ciclópeo palito, fue una invitación al desierto cultural.
Todo parecía indicar que se había cometido un aracnicidio. El cuerpo descansaba en el confortable suelo de madera, con su redondo trasero apoyado en una gigante pared de láminas de papel amarillentas, que conformaban un sólido, y por qué no decirlo, entretenido mamotreto. El bichito en cuestión, sin nombre conocido, parecía una mancha de café en una vieja y "estornudil" edición de Crimen y castigo que reposa en mi caótico escritorio. (Pretendo digerirla con la parsimonia de una boa que se ha merendado un jabalí… o dos).
El hecho cierto es que tenía las patas contraídas, permanecía impertérrita, nada se movía en ella. Ni tan siquiera la tormenta a medida que le fabriqué con mis ex fumadores pulmones, rompió su quietud. El diagnostico era obvio, mi octopataria amiga había sucumbido el peso narrativo de la literatura decimonónica rusa.
Me decidí pues a deshacerme de tan minúsculos restos mortales, utilizando los siempre impagables servicios de un clínex, pero la borra de café se puso en pié y desapareció fugazmente, ocultándose en algún callejón oscuro de la megalópolis de mi escritorio, cerca del barrio de los libros por leer.
He aquí mi grata sorpresa, cuando pasadas unas horas ya de vuelta en mi escritorio, la vuelvo a ver allí, en la misma posición (página más, página menos), ocultando lo que me pareció una contagiosa sonrisa burlona. No pude por menos que darle un nombre, y se me ocurrió que si tanto apreciaba la novela, le daría el nombre de un personaje, así que supuse que Marmeladov le gustaría.
Decidí darle un tiempo para que ahondara en la complejidad psicológica de los personajes de la obra, así que no quise variar un ápice la posición de la misma para no asustar a mi escurridizo camarada. Y así transcurrieron casi dos días en los que Marmeladov seguía enfrascado en la novela, lo que visto en tiempo arañil es toda una vida dedicada a la literatura.
Confieso que no pude resistir la tentación de repetir el experimento. Volví a azuzar al camarada, esta vez con más respeto ya que no en vano compartimos gustos literarios, y créanme si les digo que se dio igual resultado. No sé cuánto vive de media un Marmeladov domestico común, pero no me negaran que cuatro arácneos días enteros de intensa lectura es algo impresionante.
¿Cuánto tiempo le quedará para buscar una arañita domestica común, echar su polvete domestico común, crear una prole domestica común a la que alimentar e inculcar su amor por lectura domestica no tan común?
Con todas esas dudas rondando mi cabeza, decidí empujar a Marmeladov hacia su destino domestico común, creí que debería experimentar la vida real, y no hacerlo a través de una novela. Esta vez la asuste de verdad, con un mini taco de billar la zarandeé, la perseguí y la acosé hasta asegurarme de que perdió de vista el edificio erigido por Dostoievski.
¡Adiós amigo Marmeladov! ¡Suerte camarada! Sé que no estarás sólo, ya que el desierto cultural al que te empujo tiene problemas de superpoblación.
Si vale, está bien, ya sé que tengo por costumbre cenar ante el ordenador, lo cual siempre deja restos hanselygretelianos, que pudieron ser usados por el astuto Marmeladov como cebo para atraer a algún otro ejemplar de fauna doméstica.
Nunca sabré, si quizá Marmeladov fue lo más cerca que estado de un documental del nacional geographic, o si tal vez fue lo más cerca que estado alguna vez de una sesuda tertulia literaria al estilo decimonónico.

2 Responses to “Dostoievsky y la Araña”
Beni, yo sé que por algo te he llamado siempre "el gran beni"...me ha encantado este post, me lo imagino todo, pero me pregunto y si puedo preguntar...¿qué leía, anne karenina (no sé si está bien escrito)? de todas formas, teniendo en cuenta ese tipo de lectura, si me lo encontrara yo lo miraría con respeto. Un beso!
Hola compañera filosófal. Era crimen y Castigo y es pk esa va pa largo. Gracias por tus comentarios desde Madrisss
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